20151003

Equipaje

Dejó en el pasillo la maleta, como ejemplo de la pausa antes de reemprender el camino.
Saludó y se percibió como con afecto reglamentario, pero hueco de su característica pasión. La conversación protocolaria, la puesta al día habitual, los silencios sobre las palabras resonando en el salón. Trataba de mantener la cordialidad, evitando que le superase la situación, no crear tensión innecesaria pero dejar clara la nueva situación, a fin de cuentas quedaba poco por conocer y el instinto siempre interpreta todo mucho mejor.

Antes del amanecer quedó marcada la secuencia de la despedida, tan formal y sentida como extraña por esa ausencia de su intensidad. Se diría que allí pudieron formalizar la partida, pero la verdad es que sólo hizo escala el equipaje, de alguna manera el alma había viajado con anterioridad.

2 comentarios:

Pio dijo...

El acto de despedirse es el puñetazo en toda la cara que nos hace recordar lo que perdimos tiempo atrás. Nos cuesta llegar a ello sabiendo de antemano que no valía la pena alargar ciertos momentos

Besos perdurables

Almada dijo...

Imagino que no fue algo unilateral.
A veces cuesta aceptar que, cuando uno dice adiós, la otra parte igual no vaya a permanecer inmune ignorando ese portazo, sino que al menos deberá saber poner tierra en medio, muros y lo que haga falta para mantener la salud de su corazón.
Besos justos