Diez años atrás yo era un tipo feliz, era de los pocos que tenía internet por fibra sin tener que contratar fijo, móvil, satélite y nave espacial. Iba lento, pero iba. Luego mejoró algo y, a pesar de que eran tiempos en que todo el mundo superaba los 10MB de ancho de banda, yo era feliz con mis 6.
Un buen día me ofertaron, gratuitamente, pasar a 15MB, un cañón. Como no pagaba yo, acepté, aunque lo único que se incrementó fue la factura, con letra pequeña. Yo seguía a la misma velocidad. Lo puse en conocimiento de quien correspondía pero ni quien pagaba ni nuestro maravilloso proveedor supieron arreglar nada. Tras varios años sin novedad, un buen día dieron con la solución, aumentar más la velocidad.
Flamante, impecable, el contrato de 50MB era maravilloso, lástima que no hubiera nada detrás. La velocidad era la misma de 6MB de hacía la torta de años. Yendo por el camino de las reclamaciones al departamento comercial, nos dieron una solución ingeniosa, la culpa era nuestra, dijeron, que con un contrato profesional no podía darse servicio en un domicilio particular. Así que tuvimos que cambiar de nuevo de contrato, de ese modo, aseguraban, todo volvería a encajar.
Llegó el día, yo no podía con los nervios, qué ilusión, por fin vería algo en alta definición. Pero lo único que vi fue al técnico que, en menos de dos minutos, cambió mi router anciano pero operativo por otro que no llegó a funcionar. Como el hombre tenía prisa, me dijo que llamara de urgencia al servicio técnico para que sustituyeran la unidad, que él sólo cambiaba el trasto. Mi cara era un poema. Había pasado de ir lento a no navegar, pagando más que antes.
Al día siguiente, tras tres llamadas a atención al cliente, otro operario vino a cambiar el aparato, por uno exactamente igual. Pregunté si fallaban, me dijo que bastante pero que mirase las opiniones de internet. Casi muero al ver lo que me esperaba. Le rogué que buscara otro modelo pero respondió que lo pediría, mientras tanto el que dejaba me lo tenía que quedar. Entre unas cosas y otras, tres días sin navegar.
Volví a llamar de inmediato al servicio técnico, siguiendo las instrucciones y datos que el técnico me dio. Respondieron que en 12h tendría otro modelo en casa. Pasaron 24 y no había novedad, así que volví a llamar. Me respondió una amable señorita que Mierdono había evaluado mi caso y que no se podía solucionar. Ya me habían cambiado el dispositivo y si no funcionaba el nuevo era mi responsabilidad. Podía resolver el problema comprando uno de mi propiedad.
Ante semejante desvergüenza, pedí que me dieran de baja de inmediato, cuestión que me llevó dos días y seis llamadas más, sin desfallecer cada vez que hacían como que cogían la llamada desviada por otro compañero y colgaban. Aún tuvieron la ironía de recordarme que la mejora del servicio que nunca tuve implicaba permanencia y por tanto, penalización por darme de baja con anterioridad.
He guardado todos los documentos y gráficas de rendimiento nulo de la presunta conexión, porque me temo que esto acaba en un tribunal.
1 comentario:
Ay mare!!
Por la misma época que a ti, nos pusieron internet en casa, por aquel entonces tenia kb y era la más feliz, pero mi padre después de uno años no, porque no hacían más que subir la factura y no la velocidad, así que hicimos amago de irnos y la cosa cambió pero aún así Mierdono, es una mierda valga la redundancia.
Paciencia en sacos
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