Su nombre era otro, pero parecía vikinga y así quedó para nosotros. Su metro noventa en tacones, su melena larga y dorada, su piel de porcelana y sus enormes ojos verdes hacían que muchas veces los turistas nórdicos le hablaran pensando que era compatriota, para risas nuestras.
Esa noche de fiestas, enorme a mi lado con sus tacones, camiseta negra de tirantes y minifalda de colegiala color café, me raptó a la oscuridad para regalarme una noche de pasión desbocada, de un frenesí a otro.
Tras receso para volver a respirar, separé sus interminables piernas y recorrí la cara interna con besos hasta llegar a su humedad para dedicarle un momento oral. Su contoneo de espalda era tan sensual como salvaje. A medida que mis caricias aproximaban el placer, comenzó a gemir y jadear, cada vez más alto y pasamos de la lujuria a la comedia sexual.
Esa noche de fiestas, enorme a mi lado con sus tacones, camiseta negra de tirantes y minifalda de colegiala color café, me raptó a la oscuridad para regalarme una noche de pasión desbocada, de un frenesí a otro.
Tras receso para volver a respirar, separé sus interminables piernas y recorrí la cara interna con besos hasta llegar a su humedad para dedicarle un momento oral. Su contoneo de espalda era tan sensual como salvaje. A medida que mis caricias aproximaban el placer, comenzó a gemir y jadear, cada vez más alto y pasamos de la lujuria a la comedia sexual.
Aaaaaa…aaaaaaarrrl
Aaaaa…..aaaaaaaaarl!!
Thunder!! Solté yo, haciendo el estribillo de AC/DC, apareciendo entre sus piernas
Ella soltó una enorme carcajada diciendo que estaba fatal pero, entre que vestía la versión femenina de Angus y que llevaba el ritmo, no lo pude evitar.
Volvió a empotrarme la cabeza entre los muslos, continuando su balanceo de caderas. Gemía y reía a la vez, acordándose de la tontería. Fui a decir algo pero, al incorporar la cabeza, me clavó los dedos en la nuca y me apretó contra su sexo, que estaba a punto de estallar. Por un instante supe lo que siente una bola de bolos al ser amarrada, incluso después un tiempo sentí que tenía tres pequeñas hendiduras en la cabeza. Aceleré las caricias para provocarle más intensidad, porque los gemidos ya tenían un volumen considerable y no quería que media provincia viniera a ver qué pasaba. Empotrado, sin apenas dejarme respirar, agradecí aquél curso de apnea para buceo en que pensé que tiraba el dinero. De repente, soltó un “Hostia puta!! La madre que te parió!!” y se estremeció como si estuviera poseída, pareciendo que yo sujetaba un toro mecánico con los morros.
Propuse volver a las fiestas tras descansar pero ella declinó, bastante verbena había tenido ya. Desde entonces, tengo como sensación de que hay canciones de rock con sabor.
6 comentarios:
Al parecer, no dejas a ninguna indiferente.
Joer! ¡qué impetú! jajajaj. Debe tener su gracia tener una BSO tan característica XD
Besos músicales
Ahí, que se note quien manda.
Ahí, que se note quien manda.
Mandando....
Muy bueno!
Que cosas escribes... muy bueno
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