Por una vez, sin que sirva de precedente, el Servicio de Estudios Estadísticos del Dr. Hyku analizará, ante la sorpresa aparente, los datos electorales. Pedimos disculpas por ello.
En las últimas horas se ha suscitado una cuestión, si los españoles son tan tontos como parecen. En un país donde los programas del corazón y tele-realidad copan los datos de audiencia al tiempo que los de cultura y ciencia apenas existen, está de más responder a esa pregunta. No obstante, incultura general al margen, existen otros factores a tener en cuenta.
El partido más corrupto de Europa aumenta mejora resultados debido a que el votante de derechas ve la corrupción como algo natural, pago de favores entre correligionarios ideológicos, hoy por ti, mañana por mí, cosas así. En realidad no es corrupción sino clientelismo, dirán. Al fin y al cabo, lo que no es de nadie, como los presupuestos o el dinero de los impuestos de los españoles, no se está robando, sólo dirigiendo adecuadamente a quienes manejan los hilos, y si algo cae en el partido, pues mejor. En resumen, un político corrupto de derechas hace un daño relativo a las aspiraciones electorales de su partido.
Por otra parte, no hay que olvidar el famoso voto útil o del miedo. Cuando medios y redes anuncian que existe la posibilidad de que un conglomerado de anarquistas, comunistas, antisistema e indefinidos o inadaptados que pasaban por allí pueden aspirar a la jefatura del gobierno, el votante moderado, incluso el indefinido ideológicamente entra en modo pánico y, antes de permitir que semejante caterva alcance el poder, vota al contrario, aunque sea con las tripas revueltas y pensando que es el mal menor. Es lo que se llama polarización, sucede en todas partes, sin ir más lejos en Francia, cuando el electorado de cualquier signo vota a quien sea con tal de evitar el triunfo de la ultraderecha. En este sentido, hay que agradecer al Sr. Iglesias, al que se supone versado en ciencias políticas, su clarividencia, impidiendo meses atrás un cambio de gobierno para favorecer sus propios cálculos electorales (lo que viene a ser que el pueblo que le elegía le importaba lo mismo que Errejón) y estirando el mensaje hasta el extremo en esta campaña, provocando el resultado propio y ajeno que ahora vemos. Tiene el dudoso privilegio de ser el líder, según se denomina, de izquierdas que más ha aportado a la resurrección y victoria de la derecha en este país. Estará orgulloso y, como buen político de este país, hallará a quien culpar en lugar de asumir responsabilidades y desaparecer de la escena política. La vanidad suele ser poco amiga del éxito global.
Por otra parte, ha demostrado poca memoria y conocimientos del pasado reciente, ya que como pasó con el Tamayazo, la historia demuestra que los votantes progresistas castigan a los suyos cuando no alcanzan un acuerdo en primera instancia, cosa que nunca ocurre con los votantes conservadores, que mantienen el apoyo general, por muchas barbaridades que cometan sus dirigentes. Si un corrupto de derechas provoca un daño relativo, en el caso de un corrupto o incompetente de izquierdas, el daño es absoluto y prolongado en el tiempo.
Sigamos con la rosa mustia que, en parte y pese al peor resultado de su historia, mantiene la segunda posición por inercia y por el mismo efecto de voto útil. Sin embargo, las oportunidades de regeneración se agotan (va a ser difícil tener más enfangado al rival de la derecha), así como el perfil del electorado que les apoya, por pura cuestión de edad. Con todo el respeto a sus conocimientos y bagaje personal, si la renovación de un partido pasa por incluir a Margarita Robles, es que los dirigentes de ese partido no quieren entender (no es que no puedan, es que les importan lo mismo sus electores que en el caso anterior) que el país pide nuevas ideas, nuevas personas, menos barones y baronesas, menos peleas por la poltrona y el cargo y más defensa de la clase media, del obrero que dicen defender en sus siglas, menos comadreo con empresarios y banqueros, menos permisividad con el capital, menos cursos de formación y EREs (recuerden, la corrupción no se tolera por sus votantes, que no son de derechas), más compromiso y pisar la calle en vez de enviar un tuit desde el despacho, hacer políticas socialdemócratas de verdad, no la flojera y los equilibrios de centro derecha que propugna allá donde a duras penas aún manda, porque para eso hay otras opciones. Al ritmo que va, no podrá consultar a las bases, porque se va a quedar sin base. Un votante progresista es crítico, exigente y tolera regular el perjuicio a las clases medias y bajas. Llevamos más de tres décadas de democracia y algunos, demasiado aislados en sus gabinetes y asesores, aún no han aprendido la lección.
Víctima de los extremos, de la falta alarmante de programas electorales realistas y con un calendario comprometido, así como de sus propios errores en las propuestas y modo de trasladarlas, han quedado esos mozos de naranja y candidat@s estupend@s. La gente no ve definición, línea clara de trabajo, sólo una pose de centrismo y de querer agradar a todos que es poco creíble, sobre todo porque falta un plan concreto, rotundo sobre el que trabajar, que se sepa qué defienden realmente y se vea la dirección en la que van. Súmese a eso, desde el punto de vista de la derecha moderada, el pacto pasado con la socialdemocracia y se entenderá tanto el castigo por aquello como el aporte de votos más a la derecha, para frenar a las fuerzas emergentes.
El resto, más o menos igual en sus feudos, tratando de no hacer ruido y de mantener sus chanchullos locales. Así es el panorama de este país y, una vez más, como también es norma en este país, nadie asumirá responsabilidades por sus actos irresponsables.