Es como una noria de la que es imposible bajar, pese a armarse de tesón, madurez y estabilidad. Sucesión infinita de encuentros y despedidas; un día reyes del cielo, el siguiente en completa oscuridad, unidos por un hilo invisible, irrompible e incurable. Cada vez es la primera, la última, la de vaya usted a saber.
Se adoran tanto como hieren, sin pretenderlo, cómo lo van a desear. Se agolpan sentimientos, contradicciones, añoranzas, recuerdos, sueños y vicisitudes. Sube tanto la adrenalina como la ansiedad, buscando una respuesta, una jugada maestra que deje todo en su lugar, esa idea genial que nunca parece que va a llegar. No puede hacerse otra cosa que admirar a quien, en plena adversidad, sigue siendo capaz de amar.
Transcurren días que parecen meses y otros apenas minutos para disfrutar, se hacen propósito de enmienda, se restañan heridas, buscan una salida cabal. Pero nada es como se imagina, golpes de realidad, condenados a girar una y otra vez, tan cerca que no se sabe si es dolorosa la distancia o si lo que duele es no poderse tocar.
Y en su cabeza, la (pen)última noche en que amueblaron un paraíso para dos, bailando como siempre, en perfecto compás, tratando de aferrarse a un presente que únicamente les añade provisionalidad, inestable tanto como el ignoto futuro que no saben cómo van a dibujar, a ratos luchando por ser felices y otros ratos sucumbiendo a la idea de vivir en eterna infelicidad. Poderosos corazones que sobreviven a tantos avatares, cuando intenta evitarlos, pero miran de reojo la nueva vuelta de noria que acaba de comenzar.
Se adoran tanto como hieren, sin pretenderlo, cómo lo van a desear. Se agolpan sentimientos, contradicciones, añoranzas, recuerdos, sueños y vicisitudes. Sube tanto la adrenalina como la ansiedad, buscando una respuesta, una jugada maestra que deje todo en su lugar, esa idea genial que nunca parece que va a llegar. No puede hacerse otra cosa que admirar a quien, en plena adversidad, sigue siendo capaz de amar.
Transcurren días que parecen meses y otros apenas minutos para disfrutar, se hacen propósito de enmienda, se restañan heridas, buscan una salida cabal. Pero nada es como se imagina, golpes de realidad, condenados a girar una y otra vez, tan cerca que no se sabe si es dolorosa la distancia o si lo que duele es no poderse tocar.
Y en su cabeza, la (pen)última noche en que amueblaron un paraíso para dos, bailando como siempre, en perfecto compás, tratando de aferrarse a un presente que únicamente les añade provisionalidad, inestable tanto como el ignoto futuro que no saben cómo van a dibujar, a ratos luchando por ser felices y otros ratos sucumbiendo a la idea de vivir en eterna infelicidad. Poderosos corazones que sobreviven a tantos avatares, cuando intenta evitarlos, pero miran de reojo la nueva vuelta de noria que acaba de comenzar.
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