Estoy cambiando o me ablando. No sé si preocuparme o alegrarme, si es inacción o maduración. Ya lo pensaré cuando tenga menos trabajo y haya completado un inventario automovilístico de medidas de protección.
Aún no me había despertado del todo, en modo automático en la circunvalación, cuando el típico listillo trató de evitar el atasco saltando de su carril al mío, empujando su coche hacia un hueco inexistente. Como tantas mañanas, no permití esa maniobra, que esperase a tener distancia de seguridad o hubiera cambiado antes, que el resto no somos gilipollas. De inmediato, se colocó de mala manera tras de mí, comenzando a dar ráfagas y asomarse por la ventanilla. Qué energía tienen algunos por las mañanas o qué poco follan. Iba listo si se pensaba que me iba a amedrentar. De hecho, a punto estuve de ralentizar la marcha, pero pensé que bastante tenía el pobre infeliz con su propia frustración.
Unos metros después, logró cambiarse de carril y situarse mi altura, con medio cuerpo fuera vociferando, fuera de sí, con evidente rostro de estreñido.
“Comepollas”, me dijo. Mientras le miraba condescendiente, pensé que no acertaba mucho, aunque a cierta edad uno ya no descarta nada para el futuro.
“Cabrón de mierda”, soltó. Eso.. podría ser, pero rara vez conduciendo. Con gestos le dije que no era tonto y que, por el contrario, él era un listo.
“Si me bajo te parto la cara y te mato”, escupió. En ese instante estuve tentado, muy tentado, de responder a semejante escoria que saliera a la vía de servicio, que vería la sorpresa que se iba a llevar cuando bajara del coche. Pero pensé que partirle la boca, en vez de evitarme problemas, me los iba a ocasionar y que semejante gentuza únicamente se merecía indiferencia. Al mismo tiempo sopesé grabarle en móvil, ya que hacía amagos de chocar contra mí mientras soltaba de todo por esa bocaza, pero también pensé que era darle una atención y excusa de provocación que no merecía. Si me tocaba, entonces sí iba a actuar con todas las consecuencias.
El resto de conductores le afeaban la conducta, tocando el claxon y mandándole que avanzara, cosa que hizo al rato, zigzagueando furiosamente entre los carriles y provocando que alguno tuviera que frenar de golpe para no tener un percance. Me sorprendió mi autocontrol, no suelo tolerar ciertas cosas, tal vez me esté haciendo viejo. Puede que otro día volvamos a cruzarnos, entonces ya se verá.
Aún no me había despertado del todo, en modo automático en la circunvalación, cuando el típico listillo trató de evitar el atasco saltando de su carril al mío, empujando su coche hacia un hueco inexistente. Como tantas mañanas, no permití esa maniobra, que esperase a tener distancia de seguridad o hubiera cambiado antes, que el resto no somos gilipollas. De inmediato, se colocó de mala manera tras de mí, comenzando a dar ráfagas y asomarse por la ventanilla. Qué energía tienen algunos por las mañanas o qué poco follan. Iba listo si se pensaba que me iba a amedrentar. De hecho, a punto estuve de ralentizar la marcha, pero pensé que bastante tenía el pobre infeliz con su propia frustración.
Unos metros después, logró cambiarse de carril y situarse mi altura, con medio cuerpo fuera vociferando, fuera de sí, con evidente rostro de estreñido.
“Comepollas”, me dijo. Mientras le miraba condescendiente, pensé que no acertaba mucho, aunque a cierta edad uno ya no descarta nada para el futuro.
“Cabrón de mierda”, soltó. Eso.. podría ser, pero rara vez conduciendo. Con gestos le dije que no era tonto y que, por el contrario, él era un listo.
“Si me bajo te parto la cara y te mato”, escupió. En ese instante estuve tentado, muy tentado, de responder a semejante escoria que saliera a la vía de servicio, que vería la sorpresa que se iba a llevar cuando bajara del coche. Pero pensé que partirle la boca, en vez de evitarme problemas, me los iba a ocasionar y que semejante gentuza únicamente se merecía indiferencia. Al mismo tiempo sopesé grabarle en móvil, ya que hacía amagos de chocar contra mí mientras soltaba de todo por esa bocaza, pero también pensé que era darle una atención y excusa de provocación que no merecía. Si me tocaba, entonces sí iba a actuar con todas las consecuencias.
El resto de conductores le afeaban la conducta, tocando el claxon y mandándole que avanzara, cosa que hizo al rato, zigzagueando furiosamente entre los carriles y provocando que alguno tuviera que frenar de golpe para no tener un percance. Me sorprendió mi autocontrol, no suelo tolerar ciertas cosas, tal vez me esté haciendo viejo. Puede que otro día volvamos a cruzarnos, entonces ya se verá.
2 comentarios:
:O Haberle partido la cara...me he levantado un poco agresiva, pero sigo sin enterder a esa gentuza que se cree que sabe conducir mejor que nadie y tiene que ser lo que le salga de sus santas narices.
Ains, aún así ten cuidado
Besos a quema rueda
Da miedo la gente. Y más la gentuza. No hay que responderles que todavia te la lían. Un aplauso a tu self control
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