Elías pasó 50 años de su vida trabajando de sol a sol, como
suena. Cuando se jubiló, una de sus ilusiones era visitar otros países. Pasó el
tiempo, pero finalmente se atrevió a dar el paso.
Cruzó la calle para comentar sus aventuras. Había estado
aquí y allá, lo más reciente, Italia.
Seguía pensando que los guías se inventan las anécdotas de
los sitios y le molestaba que le hubieran llamado la atención en plena
explicación, sólo por estar de charla con una señora de Badajoz. El Coliseo le
pareció espléndido aunque pensó que era una lástima que no lo hubieran
terminado, con todo el dinero que parecía que habían invertido allí.
A veces, no encontraba sentido a las cosas. No le pareció
tan excepcional la visita a las Catacumbas, porque al final no dejaba de ser un
cementerio lleno de viejos nichos. Ni gran parte del Vaticano, cuando él no iba
ni a misa. Pero se trajo un imborrable
recuerdo de lo que más le gustó del viaje, la Capilla Cristina.
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