Cada año es la misma historia, es tal el acoso padecido que la única alternativa es emigrar a Yemen, Afganistán o sitios así de agradables para descansar. Es pasar el puente de inicio del mes y todo tornarse de un almibarado navideño que me produce urticaria emocional. Y nada de discutir con la familia, que una vez me puse a rebatir con tía Enriqueta los motivos de fingir felicidad sobrevenida y casi me arrima al hocico su revés. Así que me preparo, un año más, para sacar el caparazón durante unas semanas hasta que arrecie el temporal.
Por otra parte, este año hasta los porteros del edificio añoran navidades previas, cuando la veinteañera del portal del fondo salía vestida como un porno-paje navideño para alegría de retina del respetable. Ya no pasarán las tardes las jubiladas de la mancomunidad pasando revista al elenco de mozos que iban y venían acompañándola, que si preguntabas por los novios del último año salían más resultados que en Google, porque ha emigrado a otras latitudes en busca de un futuro como modelo o cualquier eufemismo con rodilleras similar.
1 comentario:
Puaaaggghhh! A mi es que no me gustan nada...
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