El ser humano corriente puede sobrevivir con jamón, pan de molde y lácteos, soy ejemplo viviente. Harto de tía Enriqueta y su afán por cambiar mi cocina por aparatos más eficientes, dejé los magros ahorros en una placa de inducción, un horno sideral y una campana extractora.
Omito el relato, tal vez para otra ocasión, de cómo se instala uno mismo esos trastos que pesan como un paquidermo y le machacan la espalda. No estoy de humor. Tiene bemoles que he leído el manual del horno y necesito un curso de semanas para encenderlo. Viene con sopotocientas recetas almacenadas pero deben ser como el santo grial porque no hay manera de encontrarlas ni usarlas. En modo manual ni lo intento, no vaya a encender la pirólisis y en vez de asar el pollo lo incinere.
La campana es supermegatáctil, pero negra. A quién coño se le ocurre poner un panel negro. Cómo puñetas esperan que acierte a encender el aparato o la luz a oscuras, si parece una lápida. Lo único que hago es entrar y aporrear a bulto, a ver si hay suerte.
Con todo, lo peor es la placa, hijalagranputa. Que detecta el envase, dicen. Unos cojones, digo yo, que pongo un cazo encima y no hay manera de saber si está encendida o no. Al menos la vitro se ponía roja. Que tiene zona flexible.. más bien imposible, porque da igual donde deje el cazo, ni puto caso hace. Juega conmigo la cabrona. Todo se ilumina como una feria, pita y parpadea, sea con una sartén o una bayeta pero calor, lo que se dice calor, sólo el de mi cabreo creciente. Así que lo he dejado por imposible porque debo parecer más gilipollas de lo normal dando voces a un cacharro iluminado cual verbena. Pero el fabricante tiene razón, apenas gasta energía porque llevo una semana a base de jamón.
Omito el relato, tal vez para otra ocasión, de cómo se instala uno mismo esos trastos que pesan como un paquidermo y le machacan la espalda. No estoy de humor. Tiene bemoles que he leído el manual del horno y necesito un curso de semanas para encenderlo. Viene con sopotocientas recetas almacenadas pero deben ser como el santo grial porque no hay manera de encontrarlas ni usarlas. En modo manual ni lo intento, no vaya a encender la pirólisis y en vez de asar el pollo lo incinere.
La campana es supermegatáctil, pero negra. A quién coño se le ocurre poner un panel negro. Cómo puñetas esperan que acierte a encender el aparato o la luz a oscuras, si parece una lápida. Lo único que hago es entrar y aporrear a bulto, a ver si hay suerte.
Con todo, lo peor es la placa, hijalagranputa. Que detecta el envase, dicen. Unos cojones, digo yo, que pongo un cazo encima y no hay manera de saber si está encendida o no. Al menos la vitro se ponía roja. Que tiene zona flexible.. más bien imposible, porque da igual donde deje el cazo, ni puto caso hace. Juega conmigo la cabrona. Todo se ilumina como una feria, pita y parpadea, sea con una sartén o una bayeta pero calor, lo que se dice calor, sólo el de mi cabreo creciente. Así que lo he dejado por imposible porque debo parecer más gilipollas de lo normal dando voces a un cacharro iluminado cual verbena. Pero el fabricante tiene razón, apenas gasta energía porque llevo una semana a base de jamón.
2 comentarios:
Jajajaja esto me recuerda que hace un mes, estuve montando un zapatero y no supe enganchar la bisagras, muy triste ya que se supone que soy entendida en esos cacharros, como dice mal de muchos consuelo de tontos XD.
Ains tu tía Enriqueta ^^
Me alegro volver a leerte.
@Pio: En una de estas me va a pasar algo serio..
Bisagras de besos
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