20131215

Underground

El hombre orquesta se hundió suspirando en el sofá. Se preguntaba si era la edad. O tal vez eran las horas de sueño pendientes.

La mente estaba esponjosa, las ideas se arrastraban, todo parecía costar más. Se frotaba los ojos como hacía en su infancia. Una larga semana, dijo para sí. Por mucho que se quiera, cada hora tiene los mismos minutos y abarca sólo una partitura. Con todo, no podía quejarse. Era el escenario que suponía con anterioridad, aunque difiere imaginar un camino a recorrerlo.

Al fondo del cojín, donde yacía inerte escuchando el silencio por primera vez en todo el fin de semana, se dijo que había sensaciones inexplicables. Era como un escalofrío pero al revés, o no, o no exactamente, como algo que bajaba desde el ombligo a los pies, como cuando te dan una mala noticia. Se pretendía curado de heridas, centrado en la batalla diaria y las adquiridas responsabilidades, entregado al son que, a la fuerza, obliga a madurar. Podría no ser tan excitante como experiencias vividas, incluso menos brillante que esmerarse en lograr el tono minucioso del solista, pero tocaba así. Un objetivo, un propósito, un fin claro que perseguir. Evitarse, o no permitirse, fastidiarlo otra vez.

Sin embargo, le sobrevino ese escalofrío inverso, o no, o no exactamente, cuando le ofrecieron una breve estancia insular. Tal vez el poso del recuerdo permanecerá con eterna intensidad, puede que haya heridas de las que se tiene el alta pero que luego duele la cicatriz. El caso es que le invadió una profunda nostalgia que apenas mitigó esgrimiendo una convincente excusa para no viajar. Sin embargo, un poco antes de soltar lastre en el sofá y tras unos días pensativo, recorrió recuerdos en google maps.

2 comentarios:

Pio dijo...

Tal vez ese escalofrío era una advertencia, dicen que las segundas partes nunca fuero buenas, pero no tiene porque ser así.

Hyku dijo...

@Pio: Igual es que había corriente...