Quedaban tres horas largas para la cita, pero la perfección requiere tiempo. Colocó unas velas aromáticas en distintos lugares del baño, dejó sales en el fondo de la bañera y agregó agua caliente. Después se sumergió relajada.
Eligió el jabón más cremoso para hidratar y limpiar su piel, combinó distintas esponjas de rugosidad variable para mejorar el resultado. Finalmente se aclaró. En realidad no le hacía falta pero aprovechó la ocasión para mimar la suavidad de su pubis con una cuchilla y espuma de afeitar. Comprobó la operación deslizando cuidadosamente las yemas de sus dedos sobre la piel, sensible como pocas veces, tanto que un breve jadeo exhaló.
Dudó si dejarse llevar por el instinto, viéndose la respuesta del cuerpo, o aguardar. Se decantó por la última opción. Abriendo el agua de la ducha se aclaró de nuevo y aprovechó para lavar su cabeza y echarse mascarilla. Mientras se acaraba el pelo desenredaba sus mechones.
Salió de la bañera para secarse con tranquilidad, arropada por su cálido albornoz. El vaho de la estancia no le permitía verse bien en el espejo, de modo que lo limpió con su mano. Mientras se miraba en el reflejo cubrió de leche corporal sus piernas, su cintura, sus hombros y así cada rincón. Por último, secó con delicadeza sus cabellos, goteando de tanto en tanto sobre su pecho y humedeciendo sus pezones y amoldándolos a aquellas formas lisas que tanto gustaban a su pareja.
Dejó el albornoz y salió desnuda al pasillo. Sobre la cama tenía su tanga más delicado y aquél sujetador de encaje y apertura frontal que tanto le había costado encontrar. También esperaban las medias con liguero a juego su turno, cuando la leche hidratante de sus piernas se hubiera absorbido suficiente como para no resbalar. Del armario sacó una blusa negra de raso y una camiseta de lycra de idéntico color. Pensó que tal vez la blusa era para ocasiones serias y de momento no había plan definido, por lo que la devolvió a su percha mientras se colocaba la camiseta, que realzaba su pecho y enaltecía su ligera cintura.
Tomó también una minifalda de cuadros castaños y vainilla, tipo escocesa, con la parte superior bajando en tubo por sus caderas y finalizada por unas tablas de vuelo justo, a su entender. Se notaba con ganas de jugar.
Llegó el momento de colocar las medias y ajustarlas a su figura con unas botas altas de fino tacón y color negro brillante, recién compradas y que le resultaban especialmente excitantes. Vestida de esa manera se miró al espejo, reflejando su mirada el brillo de la aprobación. Tal vez unos pendientes con colgante serían su único complemento, no necesitaba más.
Imaginando su aspecto una vez prescindiera de falda y camiseta, regresó al baño para maquillarse y repasar sus manos y la laca de uñas, transparente, como casi siempre. Para el rostro eligió tonos sutiles en pómulos, definió sus cejas con un pincel mientras se maquillaba los párpados y alargó sus pestañas hasta el infinito. En su boca, barra de labios a juego con la tenue palidez de su piel. Una pincelada de gloss finalizó el proceso. Con la mirada de quien se sabe bonita pensó que estaba para comérsela y rogaba porque quien la acompañara en breve eligiera lugares y momentos inesperados.
Perdida en su fantasía estaba cuando el timbre sonó. Abrió la puerta sabiendo quien era. Él entró como siempre, besando sus labios sin pestañear, de un modo un tanto mecánico. Apareció vestido con sus eternos vaqueros y la misma camiseta morada del día anterior. Venía cansado de jugar al fútbol con los amigos y cuando se tiró en el sofá le propuso quedarse en casa, algo habría en la tele.
Encargarían pizza si no se les ocurría nada mejor. Tal vez se le olvidó preguntar otras opciones, pensó ella mientras un sentimiento de ridículo le embargaba viéndose reflejada en el espejo de la entrada. Mientras lo hacía, él preguntó si la camiseta que llevaba había encogido o quería ir enseñando las tetas a toda la urbanización.
No había nada distinto y aún seguía adorándole. Se lo tomó de buen grado y hasta sonrió, pero mientras su chico tomaba el mando del televisor y se hundía entre cojines, la sensación de que su historia no sería para siempre se abría paso en su interior.
Eligió el jabón más cremoso para hidratar y limpiar su piel, combinó distintas esponjas de rugosidad variable para mejorar el resultado. Finalmente se aclaró. En realidad no le hacía falta pero aprovechó la ocasión para mimar la suavidad de su pubis con una cuchilla y espuma de afeitar. Comprobó la operación deslizando cuidadosamente las yemas de sus dedos sobre la piel, sensible como pocas veces, tanto que un breve jadeo exhaló.
Dudó si dejarse llevar por el instinto, viéndose la respuesta del cuerpo, o aguardar. Se decantó por la última opción. Abriendo el agua de la ducha se aclaró de nuevo y aprovechó para lavar su cabeza y echarse mascarilla. Mientras se acaraba el pelo desenredaba sus mechones.
Salió de la bañera para secarse con tranquilidad, arropada por su cálido albornoz. El vaho de la estancia no le permitía verse bien en el espejo, de modo que lo limpió con su mano. Mientras se miraba en el reflejo cubrió de leche corporal sus piernas, su cintura, sus hombros y así cada rincón. Por último, secó con delicadeza sus cabellos, goteando de tanto en tanto sobre su pecho y humedeciendo sus pezones y amoldándolos a aquellas formas lisas que tanto gustaban a su pareja.
Dejó el albornoz y salió desnuda al pasillo. Sobre la cama tenía su tanga más delicado y aquél sujetador de encaje y apertura frontal que tanto le había costado encontrar. También esperaban las medias con liguero a juego su turno, cuando la leche hidratante de sus piernas se hubiera absorbido suficiente como para no resbalar. Del armario sacó una blusa negra de raso y una camiseta de lycra de idéntico color. Pensó que tal vez la blusa era para ocasiones serias y de momento no había plan definido, por lo que la devolvió a su percha mientras se colocaba la camiseta, que realzaba su pecho y enaltecía su ligera cintura.
Tomó también una minifalda de cuadros castaños y vainilla, tipo escocesa, con la parte superior bajando en tubo por sus caderas y finalizada por unas tablas de vuelo justo, a su entender. Se notaba con ganas de jugar.
Llegó el momento de colocar las medias y ajustarlas a su figura con unas botas altas de fino tacón y color negro brillante, recién compradas y que le resultaban especialmente excitantes. Vestida de esa manera se miró al espejo, reflejando su mirada el brillo de la aprobación. Tal vez unos pendientes con colgante serían su único complemento, no necesitaba más.
Imaginando su aspecto una vez prescindiera de falda y camiseta, regresó al baño para maquillarse y repasar sus manos y la laca de uñas, transparente, como casi siempre. Para el rostro eligió tonos sutiles en pómulos, definió sus cejas con un pincel mientras se maquillaba los párpados y alargó sus pestañas hasta el infinito. En su boca, barra de labios a juego con la tenue palidez de su piel. Una pincelada de gloss finalizó el proceso. Con la mirada de quien se sabe bonita pensó que estaba para comérsela y rogaba porque quien la acompañara en breve eligiera lugares y momentos inesperados.
Perdida en su fantasía estaba cuando el timbre sonó. Abrió la puerta sabiendo quien era. Él entró como siempre, besando sus labios sin pestañear, de un modo un tanto mecánico. Apareció vestido con sus eternos vaqueros y la misma camiseta morada del día anterior. Venía cansado de jugar al fútbol con los amigos y cuando se tiró en el sofá le propuso quedarse en casa, algo habría en la tele.
Encargarían pizza si no se les ocurría nada mejor. Tal vez se le olvidó preguntar otras opciones, pensó ella mientras un sentimiento de ridículo le embargaba viéndose reflejada en el espejo de la entrada. Mientras lo hacía, él preguntó si la camiseta que llevaba había encogido o quería ir enseñando las tetas a toda la urbanización.
No había nada distinto y aún seguía adorándole. Se lo tomó de buen grado y hasta sonrió, pero mientras su chico tomaba el mando del televisor y se hundía entre cojines, la sensación de que su historia no sería para siempre se abría paso en su interior.
13 comentarios:
Quien sabe, igual él ha ido a jugar al fútbol para seguir estando en forma para ella, o se queda en casa porque sabe que ella es casera, y pide la pizza para que ella no tenga que cocinar, joder... que las mujeres también teneís mas poco sentido del humor! No hay quien os entienda...
Besos, aunque no lo parezca, me has dejado tristona con este post :)
Realismo del puro, del que yo siempre gasto, del que no produce decepciones porque de él nada se espera.
Nooooo, eso no puede durar ( que hoy estoy optimista )
Lo que no se muy bien es que , si ese acicalamiento ilusionado, si lo de pedir pizzas , si lo de estar en libertad y no en La Modelo de Barcelona ????
Besos
@Belén: Tienes razón, somos unas brujas las tías jajajaja...pero...has probado a pensar que podría preguntar? O que cuesta muy poco reconocer el detalle de que alguien te regale lo más valioso que tiene, que es su propia persona?
Y deja de jugar a la playstation y atiende, coño!! Como sois los tíos, de verdad...
Besos para quitarte la tristeza :-)
@Marta PC: Me das un mieeedo...y sin embargo algún punto débil tendrás, seguro.. ;-)
Realismos aparte, la indiferencia de quien nada espera es culpa de vosotras, por conformistas. Y es culpa nuestra, por acomodados. En fin...
Besos, sorprendidos por la visita pero encantados, como siempre :-)
@Churra: La democracia es lo que tiene Churra, hay cosas que no tienen más condena que la rutina...
Miles de besos :-)
Si pide pizza y en el mando puede ver lo que le de la real gana... Vamos, lo que prefiera porque me hacen a mi algo medianamente parecido y lo que esta claro es que no me quedo para comprobar si se queda dormido antes o después del primer intermedio...
Anda y que le... (ejem, que una es educadita y no suele decir tacos). Aunque se me ocurre una magnifica idea para estrenar las botas nuevas, con un puntapie ahí, donde no suena.
Besos
llego aqui asi sin pensarlo ...:)
Recién descubro tu blog y ya me parece imprescindible. Te expresas muy bien. Un placer leerte.
@Belita: jajajaja...si la reacción de la mayoría fuese la tuya, es muy posible que las relaciones fuesen distintas, aunque hay que hacer notar que a veces se da el mismo caso en sentido inverso.
Besos que suenen :-)
@Peggy: Bienvenida. Tranquila, aquí no hace falta pensar, es más, no tenemos costumbre...
@La maga: Un placer para mí tenerte por aquí, pasa, acomódate y disfruta, aunque no hay nada en la vida imprescindible...
;-)
Por eso es mejor no planear tanto las cosas... te evitas chascos así! Además, no creo que el pobre chico supiera que se había tomado tanto trabajo para nada...y menos si ella no se lo dice! Es así, los tíos no se fijan en ese tipo de cosas, tampoco se les puede pedir más =P
Besitos!
Que decepcción...pero bueno no pasa nada, el que pida esas pizzas y que ponga por ejemplo,
futbol...que yo esperare acomodada a su lado a que el delantero de su equipo favorito se acerque a la porteria contraria y cuando este apunto de marcar el gol que decidira el partido, yo me sentare en su falda y lo besare efusivamente, me quitare la camiseta y...Huy... perdón ¿no te deje ver la jugada?...como lo siento mi amoooooor.
@Nenita: La cuestión es que hay cosas que son tan evidentes que no debería hacer falta decirlas...
Besotes en las fresas :-)
@Teresa: jajajajaja...fíjate que alguno habría que hasta se molestaría. Mal asunto si es necesario llamar así la atención...
No dejo de sorprenderme el conocimiento exhaustivo que tienes del comportamiento femenino, y con la sensibilidad que lo describes.
Un besito
Por cierto, cómo me gusta el atuendo que has detallado!
@Mary: Pues yo cada día creo que conozco menos el mundo...
Besos con atuendo
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