20080310

Cada día cuenta


Eran poco más de las siete y media, creo, cuando recibí un sms de alguien tan bella y sensual como siempre temerosa de todo. Supongo que por eso no me preocupé demasiado y seguí mi rutina.
Una hora después, mi camino al trabajo finalizaba en la Puerta de Alcalá, detenido por un agente fuertemente armado. No podía pasar en la moto, zona acordonada. Se me permitía pasar a pie.

Al entrar a la oficina se celebraba la buena fortuna. Ocho compañer@s estuvieron en el filo. Tres optaron esa mañana por utilizar el coche, otro se quedó en casa con gripe y los cuatro restantes llegaron tarde a la estación por esperar a uno de ellos. De ese modo esquivaron el destino.
No llegaba a marcar el reloj las diez de la mañana cuando recibí la primera llamada. Era mi gente, uno de los nuestros no aparecía. Su teléfono estaba apagado, no había llegado a la oficina, ninguna otra información. A esa hora ya éramos conscientes de la magnitud de los hechos y también de caos que registraba la ciudad.

Nos repartimos el trabajo. Los más cercanos irían a los hospitales, otros a los centros conocidos de evacuación, otros estarían en casa, localizables, los demás quemaríamos las naves en teléfono e Internet.
Tras la comida el panorama era el mismo. Sin noticias. La preocupación comenzaba a dar paso a la angustia. Hablé con mi jefe y me tomé la tarde libre. Los más jóvenes establecimos una especie de plan de campaña.

Quedamos esperando en hospitales de la ciudad en lugar de ir de un lado a otro. Alguien nos dijo que en el centro de Congresos habría una base y darían datos, de modo que también fuimos allí. Otros centralizamos la información desde casa, manteniendo a la familia informada pero a la vez ajena a la búsqueda sin noticias.

Recuerdo perfectamente la mesa, con tres móviles sobre ella, el portátil rastreando la red en busca de un nombre y la emisora de banda ciudadana desalojada del coche para tenerla a mano, por si acaso hubiera noticias por radio. Así pasaron más horas, sin eco, desgastando fuerzas.

Cada media hora más o menos recibíamos nuevos datos. Quienes estaban en los centros de salud iban quedando poco a poco más solos según avanzaba la noche, llegando la madrugada. Conocían de vista a otras familias, otros rostros desencajados, solidarios compartiendo café y nervios, esperando el milagro. En un caso, conociendo nuestro despliegue, alguien preguntó por uno de los suyos, un nombre que apareció en mi pantalla poco después. Con toda la prudencia del mundo, dimos traslado de tan mala noticia. Mientras, mi voz ya era reconocible para la amable y cansada chica que estaba al otro lado del teléfono, atendiendo la línea de desaparecidos. Su tono de pesar, de disculpa permanente por no poder hacer más aún pervive en el recuerdo.

El ordenador dejó de escupir datos, de actualizar. En la pantalla no había respuesta a nuestra pregunta. Las fuerzas se centraron en el teléfono, en la radio.
La respuesta llegó casi a las seis de la mañana. No había milagro, el cabo de la esperanza se partió. Aquella voz cansada y amable apenas se atrevía a confirmar el dato. Le agradecí todo el esfuerzo.

Era hora de retirar la vigilia en hospitales y hogares, de colgar el teléfono, apagar el ordenador, salir a la calle y mirar a los ojos a quienes habían perdido esa noche demasiadas cosas, confirmar sus temores. De coincidir con otros muchos que habían tejido en aquellas horas una red de esperanza infructuosa, de esfuerzo desesperado por su gente, de sufrimiento compartido, acabado en miradas de tristeza en el pabellón 6 de Ifema. Allí terminaba el camino. Hoy los nombres de l@s suy@s se esculpen en cristal.

Casi dos centenares de vidas devastadas, casi dos centenares de familias, amig@s, compañer@s que recorrieron la ciudad sin descanso buscando desgarradas alguna respuesta. Desde entonces sólo tienen dolor. No les queda nada más, nunca les olvidemos.

8 comentarios:

T S dijo...

que texto!!! me ha emocionado y me ha llenado el alma...
muy triste y sufrido!!
gracias por compartir
besos confidenciales
ts

Belén dijo...

Ese día querido Hyku, tuve curso de osteopatía... me levanté y me fui a trabajar... oí la noticia por la radie... Dios! Pilar! , la llamé, la llamé... no me lo cogía... llamé a su madre y me dijo que estaba bine, que había visto todo en Atocha pero que ella estaba bien...

Mi profesora era de Madrid y nos daba el curso y lloraba, un amigo de su hijo no aparecía...Sentí de nuevo la angustia por la gente que no conocía, pero que me desgarraba el corazón...

Y dices que no me iba a gustar la entrada? que poco me conoces :)

Un beso mi niño :)

Lágrimas de Mar dijo...

es impresionante, me dejas estremecida por la emoción, imposible olvidar ese día

besos

lágrimas de mar

Hyku dijo...

@t s: Gracias a ti por tus palabras. Hoy la emoción y el recuerdo va para ell@s, en especial para quienes no se rindieron en la esperanza hasta que la realidad les golpeó sin compasión. Un beso

@Belén: Dije que no te gustaría porque sé que disfrutas más de mis ratos de tonterías que pretenden disfrazarse de humor o con los relatos de la intimidad. Pero uno es suma de todo un poco, para bien o para mal. Un besazo para ti...y algo te conozco, mujer... ;-)

@lágrimas de mar: Gracias por tu emoción. Por eso no hay que olvidarles, para que nos sientan. Besos

Akroon dijo...

Tristeza, impotencia, rabia... creo que esas eran las emociones que sentía mientras veía todo lo sucedido, sin ser capaz de imaginarme qué supone, porque es demasiado duro como para hacerlo.

Una vida no debería ser nunca arrebatada... menos aún por una idea.

El corazón en un puño y una lágrima con el recuerdo para todos y cada uno de ellos...

Hyku dijo...

@Akroon: Durante todas aquellas horas y todos los días posteriores hasta la fecha creo que se pasa por todas y cada una de las emociones. Besos para ti :-)

CalidaSirena dijo...

Me has llegado al corazón, con ese relato, desde luego fué un día triste y desolador y lo seguirá siendo para las personas que han perdido a seres queridos. Realmente es un trabajo muy loable el que haces, aunque tiene que ser muy duro, cuando uno es portador de malas noticias.
Gracias por compartirlo con nosotros, y gracias por ayudar a quienes lo necesitan.
Un beso muy tierno y cálido.

Hyku dijo...

@calidasirena: Fueron malas horas para los que lo vivimos de cerca pero para los que el resto de los días comen junto a una silla vacía lo que les queda es una mala vida. Gracis por tus palabras emocionadas. Besos :-)