- ¿Cómo dice? ¿La habitación? - preguntó el recepcionista asombrado
- La más pequeña, minúscula e insignificante que tengan.
Ante la cara de pasmo del empleado, aclaré mi decisión.
Acompañado de una moza de largas piernas y sonrisa a juego, me alojé en la Suite Royal del mejor hotel de la ciudad. Una planta entera a nuestra disposición. La entrada ya era más grande que mi piso, plagada de sofás enormes donde perder clientes entre los cojines y tardar meses en rescatarlos.
Al fondo, un baño descomunal. Estaba tan lejos que si querías mear tenías que salir de la cama antes de tener ganas, de lo contrario te meabas antes de llegar. La ducha parecía una explanada con sumidero. Al lado, una bañera digna de acoger una olimpiada. Escuché el eco de la chica gritando que iba a ponerse cómoda. Dijo ir camino del vestidor antes de perderse para siempre.
La busqué durante horas por todas partes. No hay mente humana capaz de imaginar el número de lámparas, jarrones, espejos y todo tipo de muebles que puede albergar una habitación de ese tamaño. Conozco salones de boda con menos sillas que aquella suite. Agotado, quise esperarla lanzándome en medio de la cama, pero me quedé a mitad de camino por su tamaño, cosa que me vino bien porque no quería darme un paseo después para regresar al suelo.
Apagué las luces luchando media hora con el enjambre de interruptores, que hay que ver que puta manía tienen los hoteles de duplicarlo todo. Cuando apagaba una fase, tocaba en otro sitio y la volvía a encender. Y cuando tuve todo apagado, vi que las ventanas estaban abiertas. Y no eran normales, qué va, sino con doble contraventana de madera, toda la fachada. Volví ya de madrugada, con ampollas en los pies tras la caminata y sin rastro de la moza. Encima, al dar con mis huesos en el lecho constaté que me estaba meando. Por eso, amable recepcionista, una humilde habitación
- Por supuesto señor - respondió - sólo una pregunta
- Adelante - concedí
- ¿Llegó al baño?
- Ah. Por favor, que sea una habitación con jarrón.
- La más pequeña, minúscula e insignificante que tengan.
Ante la cara de pasmo del empleado, aclaré mi decisión.
Acompañado de una moza de largas piernas y sonrisa a juego, me alojé en la Suite Royal del mejor hotel de la ciudad. Una planta entera a nuestra disposición. La entrada ya era más grande que mi piso, plagada de sofás enormes donde perder clientes entre los cojines y tardar meses en rescatarlos.
Al fondo, un baño descomunal. Estaba tan lejos que si querías mear tenías que salir de la cama antes de tener ganas, de lo contrario te meabas antes de llegar. La ducha parecía una explanada con sumidero. Al lado, una bañera digna de acoger una olimpiada. Escuché el eco de la chica gritando que iba a ponerse cómoda. Dijo ir camino del vestidor antes de perderse para siempre.
La busqué durante horas por todas partes. No hay mente humana capaz de imaginar el número de lámparas, jarrones, espejos y todo tipo de muebles que puede albergar una habitación de ese tamaño. Conozco salones de boda con menos sillas que aquella suite. Agotado, quise esperarla lanzándome en medio de la cama, pero me quedé a mitad de camino por su tamaño, cosa que me vino bien porque no quería darme un paseo después para regresar al suelo.
Apagué las luces luchando media hora con el enjambre de interruptores, que hay que ver que puta manía tienen los hoteles de duplicarlo todo. Cuando apagaba una fase, tocaba en otro sitio y la volvía a encender. Y cuando tuve todo apagado, vi que las ventanas estaban abiertas. Y no eran normales, qué va, sino con doble contraventana de madera, toda la fachada. Volví ya de madrugada, con ampollas en los pies tras la caminata y sin rastro de la moza. Encima, al dar con mis huesos en el lecho constaté que me estaba meando. Por eso, amable recepcionista, una humilde habitación
- Por supuesto señor - respondió - sólo una pregunta
- Adelante - concedí
- ¿Llegó al baño?
- Ah. Por favor, que sea una habitación con jarrón.
13 comentarios:
No llegaste, Hyku...¡si es que no se puede sacarte de casa!
Besicos
Pobre Gulliver.
Dónde esté una pensión...jajaja
Hoy al venir caminado al trabajo me he acordado de que era lunes y que seguramente habrías actualizado. Hacía mucho que no pasaba a visitarte.
Un abrazo
Me encanta tu sentido del humor.
Besos
jajajajaja, qué exagerado!!!! Lo mejor es buscar un bosque y montártelo en el coche, no cabe la posibilidad de que nadie se pierda.
Jajaja, me enncanta.
¿Dónde puedo encontrar ese paraíso/infierno?
Besos :)
Jajajaja abono para las plantitas! encimas que la riegas...XD
Donde esté un cuchitril que se quite la suite royal, que leches!! que bien te lo montas :D
Besetss
XD
Y su tarjeta, ¿Bien?
...para todo lo demás, siempre estará el sexo urbano.
Un saludo!
Está claro, las suites no te salen rentables:
1. Te llevas una muchacha que no se orienta,
2. lo pones todo perdido y
3. la tarjeta de crédito se pone en huelga...
¿Y qué tal un B&B la próxima vez?
besos de escarmiento :-)
Pero hombre si a esos hoteles hay que ir con brújula y con dos chicas de largas sonrisas..., que si se pierde una siempre quedará la otra...
Besitos.
Por eso no me gustan los hoteles. A mí dame un estudio que yo ya seré feliz.
@Belén: Uno es animal de costumbres...
Besos que llegan
@Stultifer: Con lo bien que se está en casa..
@Malena: Con una buhardilla me apaño
Pensiones de besos
@Te Susurraré: Lo malo es que pensáis que es humor...
Besos encantados
@Marikosan: El bosque cabe en mi coche..
@Nelly: Hay uno en Canarias y al menos otro en Andalucía..
Besos informativos
@Pio: Me lo monto fatal, siempre acabo perdido.
Besos montados
@Julia Outón: La tarjeta tirita aún
Saludos urbanizables
@Mary: La suite tal vez no sea rentable, pero su sonrisa no tiene precio.
Besos perdidos
@Campoazul: Lo tendré en cuenta
Largos besos
@DANYGIRL: El próximo viaje, me quedo en un cajón
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