Al regresar del trabajo, pasaba a veces por una calle estrecha en la que se escondían tiendas de antigüedades y regalos, lugares minúsculos llenos de encantos para el visitante. De todos los rincones, el más llamativo era un escaparate inmaculado de un anticuario, con auténticas joyas de tiempos pasados. Sin embargo, junto a los valiosos objetos destacaba una cajita de vivo rojo, siempre entreabierta pero sin dejar observar su contenido.
Una tarde entró a la tienda y se interesó por la caja. Contenía una ostra que albergaba en su interior la más deslumbrante perla nunca conocida. Lamentablemente, sólo estaría al alcance de quien la mereciera, quedando hasta ese momento oculta en la ostra, áspera e inexpugnable. Sorprendido por el comentario preguntó el precio, realmente elevado, mas pensó que merecía la pena.
Cuando llegó a casa pensó que no era justo tener encerrada a la ostra como una propiedad y buscó para ella un lugar de acomodo en una superficie limpia y húmeda junto a una ventana, para que disfrutara del sol.
Pasó el tiempo. La concha en ocasiones reflejaba iridiscencias por la luz, en otras aparecía tosca y oscura acusando el paso del tiempo, pero jamás descubrió su interior. Comprobó que cada vez que limpiaba la ostra únicamente lograba hacer que perdiera color, desgastarla un poco más. También se percató de que hacía tiempo que había perdido el interés en la perla, de la que ni se acordaba ya.
Finalmente, un día regresó a la tienda. El vendedor informó que no podía reintegrar la importante cantidad desembolsada por la ostra pero eso a él no le importaba. Había entendido que la perla del interior podía ser valiosa o no, pero que no podía permitirse ver la ostra marchitar, de modo que la devolvía al único lugar donde la había visto brillar.
Una tarde entró a la tienda y se interesó por la caja. Contenía una ostra que albergaba en su interior la más deslumbrante perla nunca conocida. Lamentablemente, sólo estaría al alcance de quien la mereciera, quedando hasta ese momento oculta en la ostra, áspera e inexpugnable. Sorprendido por el comentario preguntó el precio, realmente elevado, mas pensó que merecía la pena.
Cuando llegó a casa pensó que no era justo tener encerrada a la ostra como una propiedad y buscó para ella un lugar de acomodo en una superficie limpia y húmeda junto a una ventana, para que disfrutara del sol.
Pasó el tiempo. La concha en ocasiones reflejaba iridiscencias por la luz, en otras aparecía tosca y oscura acusando el paso del tiempo, pero jamás descubrió su interior. Comprobó que cada vez que limpiaba la ostra únicamente lograba hacer que perdiera color, desgastarla un poco más. También se percató de que hacía tiempo que había perdido el interés en la perla, de la que ni se acordaba ya.
Finalmente, un día regresó a la tienda. El vendedor informó que no podía reintegrar la importante cantidad desembolsada por la ostra pero eso a él no le importaba. Había entendido que la perla del interior podía ser valiosa o no, pero que no podía permitirse ver la ostra marchitar, de modo que la devolvía al único lugar donde la había visto brillar.
14 comentarios:
Eso es amor puro y duro.
Besos brillantes.
mu bonito, si señor, mu bonito (si total las perlas ya no valen ná...)
Eso le pasaba porque no sabía sacarle bien el brillo,pobrecita ostra, porque hay hombres que no saben limpiar naíta.
No creo que sea tu caso,porque me dá que tú eres un poco todoterreno: )como todos los profes..
p.d.- Bonito relato.
Besos de cajón; ^^
Siempre he pensado que quién te quiera, te dejará marchar para que evoluciones si es así cómo lo tienes pensado...
Y eso, siendo perla (y tu lo eres, y mucha)
Besicos
P.D La frase del principio me la dijo mi madre, entre lágrimas, cuando le insinué que me quería ir de casa... si es que mi mamá es de un sabio...
Creo que voy a tener que devolver mi ostra ... o eso o le paso barniz ...
Besos
A veces es mejor dejar marchar aquello que quieres, no sirve de nada conservarlo a tu lado cuando ves que se esta marchitando.
Besos perla
Desde el blog en apoyo al “Premio Maria Amelia López Soliño” a la mejor bitácora escrita por una persona de la tercera edad, agradecemos tu cariñoso comentario de condolencia dejado en su blog y te animamos a estimular a los mayores de tu entorno a seguir su ejemplo.
Hermoso relato sobre el apego a lo bello.
Un saludo afectuoso.
@Chipsoni@: La vida misma, pura y dura.
Besos puros
@Tu: Muchas gracias
Besos bonitos
@Chuspi: A veces somos todos bastante torpes
Besos perlados
@Belén: Las madres saben más que una enciclopedia...
Besos evolucionados
@Selket: Si el barniz enriquece...adelante
Besos con pincel
@Mery: Sí, eso pienso
Besos recién regados
@Premio Maria Amelia López Soliño: Gracias y que le den el premio..
Saludotes
Muy bonito Hy. Y aleccionador.
Un beso
Que pena que la mayoria prefiramos que se marchite la belleza antes de dejarla ir de nuestro lado y no sigamos su ejemplo.
Besos
@Novicia Dalila: Supongo que siempre es bonito si no se tiene que vivir..
Besos aleccionados
@Belita: No siempre lo cómodo o sencillo es lo mejor a largo plazo...
Besos de ejemplo
jooooooo, pero que bonito, no se que me gusta mas, si tu parte tierna o la sinvergüenza, mua centollo
@Isobel: Me temo que ambas partes viajan juntas...
Besos bonitos
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