Ante la inesperada e inusitada aceptación de la lista de energúmenos masculinos piscineros, procedemos a ser ecuánimes y elaborar una lista de elementas femeninas, en este caso de compras.
La compulsiva. No necesita de nada, pero todos los días picotea algo. Tiene la misma atracción por los escaparates que las mariposas por la luz. Si no le cabe nada más en el armario se decanta por la sección de complementos. Tiene buen gusto y tantos zapatos como Imelda Marcos. Suele reconocerse porque a veces deja exhausta la visa y se la ve en las cajas del centro comercial probando una tarjeta tras otra hasta que consigue encontrar saldo. Es una incomprendida, cuando abre el armario en casa suspira afirmando que no tiene nada que ponerse.
La morbosa. Impredecible. Convierte en seducción cada visita. Se planta las tallas más ajustadas, las prendas más atrevidas. No puede evitar dirigir una sonrisa al dependiente de turno mientras comprueba si le está haciendo sufrir. Unas veces va con amigas cómplices en las travesuras y otras veces deja ligeramente abierta la cortina del probador para ver qué sucede. Si la acompaña un chico, éste suele sufrir repetidos problemas de riego sanguíneo abdominal combinados con el canguelo propio de la incertidumbre. Suele poner cara de no haber roto un plato tras cada trastada y salir triunfante.
La acomprañante. Suele darse en mayor grado entre el género femenino que masculino. Supuestamente va de asesora personal, sin embargo esa persona acaba con las manos vacías y ella con siete bolsas y la extraña sensación de que no necesitaba nada, pero que a nadie le amarga un dulce. Con el tiempo alguna acaba siendo compradora compulsiva.
La madre. Fácilmente identificable por comentarios como “Eso es muy escotado, con eso pareces una monja, eso no se lleva, eso es atrevido. Eso te hace el culo gordo, con eso pareces una ignorante”. La mejor compañía para ir de compras si no quieres gastar dinero. A veces va de escrupulosa, mirando las prendas pero pidiendo una nueva para probarse, como si ella no sudara. Cuando va sola quienes la sufren son las dependientas, alguna de las cuales incluso recibe consejos de la clienta sobre el excesivo maquillaje en el contorno de ojos o que los labios en rojo pasión, si tienes la boca como Angelina Jolie del extrarradio, hacen de putón. Odiosa.
La positiva. Llega, mira, según el estado de ánimo se centra en un color (diferencia curiosa entre las tiendas para chicos y las tiendas para chicas, en las de ellos la ropa se agrupa por tipo de prenda, en las de ellas por colores). Se compra cualquier cosa que encaje con el color de ánimo pertinente en una talla que no siempre es la suya. Atrevida en estilo, lo mismo combina una blusa amarillo cítrico con unas mallas fucsia eléctrico. Hace cuentas en el monedero antes de ir a pagar, se queda absorta mirando la bolsa y sale con una sonrisa de oreja a oreja. Al ver estas situaciones, el vigilante de seguridad se plantea realizar test antidrogas a la entrada del establecimiento.
La cómplice. Es el inverso de la madre. Habla con todo el mundo de modo campechano. A las dependientas lo mismo les cuenta lo divertido que es un bar de copas que el sarpullido que le dio una vez tras estar con un chico y que le impidió ir a comprarse un bikini. Todo le gusta, ya sea lo que se prueba como lo que miran sus amigas. Le gusta hasta lo que lleva puesto la dependienta. No compra gran cosa y te deja la cabeza como un bombo pero es tan maja que cualquiera dice nada.
La contradictoria. Odia comprar, lo hace por pura necesidad. En época de rebajas es la única que tiene el morro torcido entre el gentío. Llega, mira por encima el género, a veces se lo prueba, otras ni eso, paga cuando está segura de que se ajusta al presupuesto y respira con normalidad cuando ha salido a la calle. Para colmo de males, su madre, su mejor amiga y hasta su pareja adoran acompañarla de compras y le dicen que debería salir más. Qué gentuza.
La repelente. Más conocida como la amiga que evitas acompañar de tiendas o, en lenguaje más coloquial, la jalagranputaquetolecaebien. Da lo mismo que le pongas una microfalda que una boñiga de vaca en la cabeza, todo lo luce con estilo. La talla 36 parece que la crearon para ella. Los maniquíes se giran de pura envidia cuando la ven pasar. Las dependientas sufren a otras clientas cuando ven que se han probado lo mismo que la anterior y no les queda igual, misterios de la proporción. Suelen decir que han tenido suerte encontrando algo no muy caro que les queda bien, porque encima se definen como chicas del montón. Acaban siendo acompañadas por caballeros, para evitar ataques de bilis de sus amigas.
La imposible. Dícese de la clienta frustrada. Depende de la silueta a algunas lo que les viene bien de cintura resulta que no sube de los muslos, mientras que otras si se tapan con una falda el contorno del culo aparentan tener unas piernas flacas como de cigüeña. Si son pantalones, o les quedan para lucir estilo pirata o les arrastran hasta las escaleras mecánicas de la tienda de al lado. Son la descompensación de la moda. No entienden de modelos cilindro o campana y no recuerdan la última vez que pudieron comprar algo y no lo tuvieron que dejar en la tienda para que se lo arreglase la modista.
La indecisa. El cartel de “no más de 3 prendas por cliente” lo crearon por ella. Antes era una persona envuelta hasta la cabeza en ropa que probar. Se pone, se quita, mira la misma camiseta en negro, en verde, a rayas, en rosa y otra vez en negro. Tira las camisetas con desdén. Mira otra camiseta, la prueba, la huele, la rechaza no se sabe si por el olor y vuelve a la rosa de antes mientras quien la acompaña recibe apoyo psicológico para evitar el suicidio. Tras 4 horas en la misma tienda y amenazada por las dependientas para que desaloje, que ya es la hora de cerrar, sale sin comprar porque es que de verdad, no hay nada que merezca la pena.
La residente. Hay clientas que compran, ella convive. En realidad, si el padrón municipal aceptara tiendas, ella podría poner como dirección personal la planta de mujeres de El Corte Inglés. Las dependientas la saludan por su nombre, conocen cada detalle de su vida familiar y en la cafetería le plantan un Nestea según asoma por la puerta, sin preguntas. Da mejores indicaciones sobre el local que el personal de información y hay quien piensa que está en la plantilla del centro comercial. Es la única a quien las cajeras no ponen pegas para llevarse las perchas de las prendas.
La compulsiva. No necesita de nada, pero todos los días picotea algo. Tiene la misma atracción por los escaparates que las mariposas por la luz. Si no le cabe nada más en el armario se decanta por la sección de complementos. Tiene buen gusto y tantos zapatos como Imelda Marcos. Suele reconocerse porque a veces deja exhausta la visa y se la ve en las cajas del centro comercial probando una tarjeta tras otra hasta que consigue encontrar saldo. Es una incomprendida, cuando abre el armario en casa suspira afirmando que no tiene nada que ponerse.
La morbosa. Impredecible. Convierte en seducción cada visita. Se planta las tallas más ajustadas, las prendas más atrevidas. No puede evitar dirigir una sonrisa al dependiente de turno mientras comprueba si le está haciendo sufrir. Unas veces va con amigas cómplices en las travesuras y otras veces deja ligeramente abierta la cortina del probador para ver qué sucede. Si la acompaña un chico, éste suele sufrir repetidos problemas de riego sanguíneo abdominal combinados con el canguelo propio de la incertidumbre. Suele poner cara de no haber roto un plato tras cada trastada y salir triunfante.
La acomprañante. Suele darse en mayor grado entre el género femenino que masculino. Supuestamente va de asesora personal, sin embargo esa persona acaba con las manos vacías y ella con siete bolsas y la extraña sensación de que no necesitaba nada, pero que a nadie le amarga un dulce. Con el tiempo alguna acaba siendo compradora compulsiva.
La madre. Fácilmente identificable por comentarios como “Eso es muy escotado, con eso pareces una monja, eso no se lleva, eso es atrevido. Eso te hace el culo gordo, con eso pareces una ignorante”. La mejor compañía para ir de compras si no quieres gastar dinero. A veces va de escrupulosa, mirando las prendas pero pidiendo una nueva para probarse, como si ella no sudara. Cuando va sola quienes la sufren son las dependientas, alguna de las cuales incluso recibe consejos de la clienta sobre el excesivo maquillaje en el contorno de ojos o que los labios en rojo pasión, si tienes la boca como Angelina Jolie del extrarradio, hacen de putón. Odiosa.
La positiva. Llega, mira, según el estado de ánimo se centra en un color (diferencia curiosa entre las tiendas para chicos y las tiendas para chicas, en las de ellos la ropa se agrupa por tipo de prenda, en las de ellas por colores). Se compra cualquier cosa que encaje con el color de ánimo pertinente en una talla que no siempre es la suya. Atrevida en estilo, lo mismo combina una blusa amarillo cítrico con unas mallas fucsia eléctrico. Hace cuentas en el monedero antes de ir a pagar, se queda absorta mirando la bolsa y sale con una sonrisa de oreja a oreja. Al ver estas situaciones, el vigilante de seguridad se plantea realizar test antidrogas a la entrada del establecimiento.
La cómplice. Es el inverso de la madre. Habla con todo el mundo de modo campechano. A las dependientas lo mismo les cuenta lo divertido que es un bar de copas que el sarpullido que le dio una vez tras estar con un chico y que le impidió ir a comprarse un bikini. Todo le gusta, ya sea lo que se prueba como lo que miran sus amigas. Le gusta hasta lo que lleva puesto la dependienta. No compra gran cosa y te deja la cabeza como un bombo pero es tan maja que cualquiera dice nada.
La contradictoria. Odia comprar, lo hace por pura necesidad. En época de rebajas es la única que tiene el morro torcido entre el gentío. Llega, mira por encima el género, a veces se lo prueba, otras ni eso, paga cuando está segura de que se ajusta al presupuesto y respira con normalidad cuando ha salido a la calle. Para colmo de males, su madre, su mejor amiga y hasta su pareja adoran acompañarla de compras y le dicen que debería salir más. Qué gentuza.
La repelente. Más conocida como la amiga que evitas acompañar de tiendas o, en lenguaje más coloquial, la jalagranputaquetolecaebien. Da lo mismo que le pongas una microfalda que una boñiga de vaca en la cabeza, todo lo luce con estilo. La talla 36 parece que la crearon para ella. Los maniquíes se giran de pura envidia cuando la ven pasar. Las dependientas sufren a otras clientas cuando ven que se han probado lo mismo que la anterior y no les queda igual, misterios de la proporción. Suelen decir que han tenido suerte encontrando algo no muy caro que les queda bien, porque encima se definen como chicas del montón. Acaban siendo acompañadas por caballeros, para evitar ataques de bilis de sus amigas.
La imposible. Dícese de la clienta frustrada. Depende de la silueta a algunas lo que les viene bien de cintura resulta que no sube de los muslos, mientras que otras si se tapan con una falda el contorno del culo aparentan tener unas piernas flacas como de cigüeña. Si son pantalones, o les quedan para lucir estilo pirata o les arrastran hasta las escaleras mecánicas de la tienda de al lado. Son la descompensación de la moda. No entienden de modelos cilindro o campana y no recuerdan la última vez que pudieron comprar algo y no lo tuvieron que dejar en la tienda para que se lo arreglase la modista.
La indecisa. El cartel de “no más de 3 prendas por cliente” lo crearon por ella. Antes era una persona envuelta hasta la cabeza en ropa que probar. Se pone, se quita, mira la misma camiseta en negro, en verde, a rayas, en rosa y otra vez en negro. Tira las camisetas con desdén. Mira otra camiseta, la prueba, la huele, la rechaza no se sabe si por el olor y vuelve a la rosa de antes mientras quien la acompaña recibe apoyo psicológico para evitar el suicidio. Tras 4 horas en la misma tienda y amenazada por las dependientas para que desaloje, que ya es la hora de cerrar, sale sin comprar porque es que de verdad, no hay nada que merezca la pena.
La residente. Hay clientas que compran, ella convive. En realidad, si el padrón municipal aceptara tiendas, ella podría poner como dirección personal la planta de mujeres de El Corte Inglés. Las dependientas la saludan por su nombre, conocen cada detalle de su vida familiar y en la cafetería le plantan un Nestea según asoma por la puerta, sin preguntas. Da mejores indicaciones sobre el local que el personal de información y hay quien piensa que está en la plantilla del centro comercial. Es la única a quien las cajeras no ponen pegas para llevarse las perchas de las prendas.
27 comentarios:
jajaja, se te ha olvidado la categoria mia "ladeporépocas", a mi un viaje a la Visa me quita la depre si estoy depre o me sube al cielo si ya voy volando.
Mi padre decia , tu no eres caprichosa hija , eres cara.
Un besazo
He pasado a leerte. Buena categorización de las diferentes personalidades y gustos.
Besos,
Shanty
Primero y si me lo permites voy a por CHURRA, joder maja tu y yo nos vamos de compras y nos hacen la ola al pasar
Me ha encantado, q coño encantado
Hago mia la frase de tu padre
Hija no eres caprichosa eres cara
Hyku, de verdad no has pensado dedicarte al petit point, hacer bolillos, pq hijo lo bordas
Deberías escribir un libro de costumbres, no lo digo en broma, ponte q lo compro
eres genial
No se dónde ponerme, es q como he bajado de talla... jejjeej
Vale no soy la de la 36 pero dame 3 meses y visa
maukkkkkkkkkkkkkkkkkkkk
Ufff mmmm no me encuentro, ¿Qué pasa con mi género o categoría femenina en lo referente a compras? ¡ese se te ha olvidado! Yo soy de las que lleva el dinero justo (véase para comprar lo necesario y uno o dos caprichos).
Características: Salgo de casa con las ideas claras, no necesito compañía aunque prefiero ir en compañía, no por la necesidad de opinión sino más bien para charlar en el proceso de compra o más bien en el de espera para pagar.
Suelo tener tiendas fijas, miro tras el escaparate, entro y echo un vistazo rápido, miro por encima más bien con prisas, escojo la prenda, pruebo, ¿me gusta? Me la quedo, que no, no le doy más vueltas, a otra cosa mariposa.
Vamos parecida a la “contradictoria” pero si me gusta ir de compras, eso si, nunca perder el tiempo, total si ya se lo que quiero y como!
Besos de chica rara.
Contradictoria de los pies a la cabeza, vamos, pero las circunstancias me han privado de ser una compulsiva: entre la economomía y mi nacimiento inscrita en el club de las imposibles, voyyvengo entre la indecisa y la compulsiva hasta que termino pareciendole una morbosa a la acompañante de turno que, por cierto, si existe, suele ser tipo madre o un híbirdo repelente/residente (sister en mi caso).
Por eso no he podido ser positiva y mucho menos aún, cómplice, y me he quedadoen una tristemente contradictoria.
Mu wueno...si señor..me he encontrado en una categoría pero no me identifico en determinadas cosas jajajjaja..si odio ir de compras y el corte inglés me aturulla..es mi sino.
Besos pero no en un centro comercial..
Yo ya no voy ni de tiendas a menos que sea a por zapatos.
Le digo a la sabia de mi madre, puestisima en tales menesteres, lo que quiero,le hago un ligero crokis y ella "que se mate"!!!
Hasta ahora siempre acierta, lo cual es un bendito chollazo!!!
Se nota que me ha parido,jajajaj!!!
Besitos "desde casa"!!!!
Yo soy contradictoria total, mas poco femenina en estas cosas que ni se... cómo lo odio!
aunque si es lo que dice Churra, pero a mi me da por los libros y los cds... jajajajaj si, soy así de pedorra
Besos en la visa
las compras son un asco... y qué colassss!... Es casi mejor gastar un poco mas y estar tranquilamente....
Mu buenas estas reflexiones, como la de los piscineros! jeje
Saaludos!1
@Churra: Me recuerdas a mi adolescencia cuando las niñas bien del pueblo, inaccesibles para los pies descalzos como nosotros, eran definidas como que estaban bien de culo y que de cara, carísimas.
Besos en el capricho
@Shanty: Gracias por la visita. Seguro que me dejo muchas cosas y además exagero en el resto, pero mientras sea divertido...
Besotes
@Bolero: Visa no tengo, pero tiempoooo, vamos el que quieras. Dados los hábitos descritos, no sé si sería peor llevaros de compras o a cenar, algo me dice que ambas damas sois de hocico fino...
Besos en los bolillos
@Iraunsugue_eternia: Tú eres, además bien definida, la concreta. Es un subtipo de la contradictoria, sin la necesidad del odio a las compras pero sin demasiada parafernalia. Vamos, más o menos como los hombres en general.
Besos de oferta
@Glauka: Hoy te veo en plena contradicción, en efecto. Será por haber descubierto al mundo un pedazo de la sirena, pero si te animas nos vamos de compras jajajaja
Besos en los pies.
@Mery: El Corte es como un laberinto, te ponen los mostradores en pasillos zigzagueantes con luces brillantes para hipnotizarte, por eso aturulla.
Besos perfectamente identificados
@Chuspi: Jodo!! Una nueva especie, la comodona. Hija, tendiendo la venta por catálogo cómo haces ir a mami de compras...qué valor.
Besos a ti, a Fufú y a quien sea menester que ande por casa
@Belén: Pues quien lo iba a decir viéndote con esas delicadas botas militares tan elegantes. Bueno, cada cual invierte en sus propios gustos y me parece estupendo que hayas dejado de robar libros y piratear CDs, te estás haciendo una chica mayor.
:-P
Besos para mitigar la sed
@Achiperre: Definitivamente te apunto al club de Churra y Bolero, ricas potenciales, lo mejor para ir a tiendas exclusivas sin agobios.
Besos tranquilos.
Te olvidas de una clase más: la profesional, la que compra por dinero. Yo soy de esas ;)
Jajaja... Buenisimo solo que en mi caso tengo un problema... Quiero ser rica para que alguien vaya de tiendas por mi (es que es algo que se a puesto de moda en las capis y me gusta)evitarme las colas infinitas ante el probador, el pasar un montón de tiempo inutil mirando ropa que luego se queda en el armario... Aissss, jajaja, pues eso que vaya otr@ de tiendas, decida y solución a mi trauma con lo de ir de tiendas.
Besines
Emmm y la rauda y veloz?? Ande está?? Aquí mismo, es lo único que tengo que ver con los toreros, entro en la tienda doy una vuelta al ruedo, y o me llama algo la atención o paso de rebuscar entre tanta percha, me mareo...Últimamente me entretengo más en tiendas tipo Toys r us y no por voluntad propia...Con lo que yo he sido, un max mix entre casi todas las citadas...
Besos sin percha
Yo conozco una morbosa que se viste absolutamente 'arepretada'... Eso si despues critica salvajemente cualquier atisbo de escote...
Mas rara y la encierro en un probador!!!
:-D
Vaya... :-O
Se me han quedado mudos los dedos....
¿Hay que identificarse?...porque yo no me identifico con ninguna y con todas en general (en según qué "enajenación transitoria" que pueda tener, claro ;)
Qué sé yo..
Besos en las igualdades..
Ay Hyku, lo del morro fino me ha gustado, jejejje
es q una ya se ha chupado mucho dedo viajando por esas tierras, muchas tiendas de campaña, y dormir en las estaciones de los trenes, ahora ya nos toca un poco de morrito, jejej
Contigo por mi parte me apunto a una cena, jejej
un muakkkkkkkk de morrito fino
Tengo que decirte que sí, mi dependiente está muy pero que muy feliz.
No me identifico... pero te invito a ir de tiendas conmigo, puede que lo pasemos bien ;-)
@Pain: Seguro que me olvido muchas otras clasificaciones, pero tampoco es plan.. si con el breve elenco descrito ya se intuye que tod@s somos de lo más peculiares
;-)
No obstante, qué CV se requiere para ello?
@Belita: Habla con Pain para esas cosas y con un ricachón para la materia prima económica...
;-)
Besos en el monedero
@Karla: La veloz yo la intuyo como parte de la contradictoria, que va al grano sin zarandajas.
Besos raudos
@Luna carmesí: Morbosa? a ver, un catálogo de fotos que demuestren el hecho, en el probador, por supuesto...
:-P
Besos ajustados de talla
@*Sine die*: Ese es un matiz que olvidé indicar, que las mujeres, proclives a los ciclos e imprevisibles muchas veces, pueden pasar de un estado a otro.
Besos en los dedos
@Bolero: Uy, pues dada mi escasa, tirando a nula, solvencia económica creo que la cena iba a recordar a los tiempos de bocadillo y tartera de mamá..
Besos, por supuesto cordon bleu
@Mia: No me extraña, ese sí que sabe de tiendas...
@Naked: Pues mira que alguna que otra clasificación hay para poderse ubicar...en fin...en tu probador o en el mío?
:-P
Ehhh que pasa con mis botas militares eh?????????
No te gustaron?
Ah no que tu eres un clásico, que te moló mas el abrigo de cierta señorita...
Besicos
Jajaja... Belén no metas a mi abrigo en vuestras disputas,
Besicos
@Belén y Belita: Háganme el favor de comportarse, que las echo de clase. AbrigoDeBelita, tontorrón, no las hagas caso y cuéntame tus experiencias, anda...
:-P
Besos en los besicos
Jo, no vale, ya es la segunda vez que me echas de clase, mama mama, el hyku me tiene manía...:(
Hyku me he dado cuenta de que has agregado mi blog a cómplices, gracias, te paso la dire de mi blog personal porque el de “Laberinto Onírico” es más bien un proyecto para una serie de cuentos y poemas góticos. Así que te dejo aquí la dire de mi otra casa http://realidadesdeeternia.blogspot.com/
Besos
@Maruja: Pues se aceptan nuevas incorporaciones... ;-)
Besotes
@Belén: Sí, las que se sientan al fondo de la clase suelen ser las mejores/peores, así pasa, que de vez en cuando van fuera de clase...
Besos en el pupitre
@Iraunsugue_eternia: Apuntado y modificado.
Besos con corrección
a que no haces la misma clasificación pero masculina?
así del tipo:
el cabrón: ese al que haces probarse una ropa que le queda de puta madre y va y dice que "no se ve"
anda! a que no hay webs?
@Sol: Bueno, desagradecid@s hay de todo tipo y por lo general los hombres dan mucho menos juego en las tiendas porque van a lo de siempre y sin arriesgar. Prejucios, supongo.
Besos en las webs.
Publicar un comentario